Para quienes son lectores regulares de la revista cultural El Malpensante, la novedad en su última edición es el nuevo cabezote de la publicación -el tercero en sus 15 años de existencia- diseñado en conjunto por Cesar Puertas y Patricia Melo (ambos diseñadores gráficos dueños de Typograma) y supervisado por el actual director de arte de la revista, Ignacio Martinez Villalba, los 3 miembros de la ADG y organizadores para Colombia en años anteriores de la Bienal de Tipos Latinos. Destacamos con agrado este trabajo ya que nuestra relación con la revista viene de años anteriores, no solo como asiduos lectores sino como socios en distintas actividades. culturales.
El cambio en el cabezote obedece no solo a que a revista cumple su 3er quinquenio, algo insolito en lo que se refiere a publicaciones culturales, sino a un rediseño en su imagen que se ha dado a lo largo de este año y que se espera se vea reflejado en su sitio web este mes de enero próximo.
El diseño gráfico puede ser aplicado a muchas piezas y utilizado de forma que siempre destaque; a continuación encontrarán una página que se dedica a mostrarnos menús de restaurantes bastante creativos: goo.gl/W3weS
Con un coloquio conformado por algunos de los participantes del libro “DAVID CONSUEGRA, pensamiento gráfico” y varios invitados, se lanzó en sociedad el miercoles 23 de febrero en el Gimnasio Moderno este trabajo editorial que recopila una extensa investigación gráfica y conceptual realizada para conmemorar la memoria de uno de los mas reconocidos diseñadores gráficos colombianos.
En el evento de lanzamiento los invitados que hicieron parte del coloquio hablaron sobre el aporte de Consuegra al diseño en campos que iban desde el diseño editorial, tipográfico hasta la ilustración y la comunicación, y sobre el aporte de cada autor en este libro y su manera de ver el trabajo de Consuegra en la historia del diseño gráfico local.
Cabe destacar el aporte de Cesar Puertas (miembro ADG) como uno de los colaboradores en la elaboración de uno de los capítulos del libro, el ensayo “Cuatro fuentes tipográficas de David Consuegra” muestra el proceso de digitalización de las fuentes denominadas Chorus, Negret, Museal y Croydon.
El rediseño del diario colombiano El Tiempo y la celebración de sus primeros 100 años suscitan inquietudes sobre la estabilidad de su identificador visual. Un análisis superficial basta para demostrar que, pese a los rediseños, contiene una acumulación de errores que datan de 1920. El presente ensayo pretende hacer un recuento breve sobre las transformaciones ocurridas en su cabezote durante el último siglo, las posibles razones detrás de los cambios y las disfunciones del logotipo actualmente en uso, con el fin de crear conciencia sobre la importancia de la educación tipográfica en el terreno de la identidad visual.
Aunque logotipos y símbolos no son necesariamente lo más importante de un programa de identidad visual, con frecuencia sí son la parte más visible. En ocasiones, ocurre que los emblemas o distintivos de una institución no pasan por un proceso de diseño, sino que sufren transformaciones más o menos incontroladas o involuntarias a lo largo de los años. Esto es acaso más común en el caso de marcas tipográficas en diarios (que se reproducen una y otra vez, o se imprimen a partir de originales derivados de copias desgastadas). La invisibilidad propia de la tipografía favorece esta situación y los errores quedan ocultos por la fuerza de la repetición. Este es el caso del diario El Tiempo, que cumple 100 años y cuyo diseño editorial, revisado por última vez en octubre de 2010, mantiene intacto el cabezote (ver figura 1) pese a errores tipográficos evidentes.
El diario El Tiempo fue fundado en 1911. Su primer cabezote (ver figura 2) comenzó siendo un rótulo (el nombre compuesto en una tipografía) de trazos de calibre medio, contraste bajo, remates en serifa cuadrados y pesados (egipcios), que se mantuvo desde su fundación en enero de 1911 y hasta junio de 1917. Se trata de la tipografía Golden Black, diseñada hacia 1890 por el británico William Morris, e inspirada en los caracteres venecianos de Nicolas Jenson entre 1470 y 1480, una de las primeras versiones de la letra romana en la imprenta luego de su invención (ver figura 3). Por ser el tipo Golden de W. Morris mucho más grueso y pesado que las venecianas de Jenson, resulta adecuado para titulares y logotipos.

Además de un paulatino aumento de tamaño que se mentendría a lo largo del siglo, durante algunos días de abril de 1917 el diario decide cambiar su cabezote por uno de apariencia (aún hoy) más moderna que la que le confería la tipografía Golden de Morris (ver figura 4). Me refiero específicamente a la tipografía Century, diseñada entre 1906 y 1909 por Linn Boyd Benton y basada en la dureza de otros tipos como Bodoni y Clarendon, populares en la época (ver figura 4). Century aun hoy sigue siendo considerada uno de los tipos de letra más legibles de la historia y por la época, los tipos de letra utilizados y las tecnologías vigentes entonces, es posible deducir que la máquina de impresión utilizada en aquella época era un linotipo.
Por razones desconocidas, el primer y segundo cabezotes son reemplazados por un tipo de letra desconocido, más ornamentado y negro que la anterior (ver figura 6). Nótese el estilo de los caracteres, intervenido y completamente propio de las fuentes para titulares durante el Art Nouveau y el Art Deco, que en Colombia influyó con fuerza a finales del s. XIX y principios del XX.
Llama la atención cómo posteriormente, el primero de mayo de 1917 el cabezote es nuevamente reemplazado, esta vez por un tipo de letra de palo seco, también de trazos gruesos pero contraste mucho mayor, proporciones ligeramente condensadas y espacio entre letras más generoso (ver figura 7). Se trata de un tipo de letra diseñado en 1897 por Joseph W. Phinney y dibujado en 1900 por Morris Fuller Benton para uso en las máquinas de composición automática Linotype: la Globe Gothic (ver figura 8).
La familia Globe Gothic, diseñada inicialmente por Benton hacia 1900 es en realidad una revisión de la tipografía Taylor Gothic, de 1897. Se distingue por su fuerte contraste y la altura peculiar de sus trazos transversales, que recuerdan las proporciones del Art Deco. Frederic Goudy dibujó la variable negrita en 1905.

No sorprende que el estilo del diario en su cabezote se haya mantenido a lo largo de todo el siglo XX: le confiere al diario identidad (no se parece a otro) y estéticamente coincide con lo que uno espera de un diario de su categoría, evoca tradición, seriedad y trayectoria. Lo que sorprende es que en los sucesivos rediseños (se ha intervenido el diario por lo menos cuatro veces desde los 80: en 1987, 1995, 2000 y 2010) y a pesar de la implementación de tecnologías digitales, el cabezote o logotipo, en lugar de mejorar, se ve cada vez peor.
Si uno compara el cabezote original de 1917 con otros posteriores, de apenas algunos años después (ver figura 9) puede notar una cierta degradación de las formas tipográficas visible en el aumento de calibres en la parte superior de la palabra y en la transformación de letras como M y P, especialmente difíciles de dibujar si no se tienen ciertos conocimientos de diseño de tipografía. ¿Por qué ocurrieron estas transformaciones? ¿Qué trascendencia pueden tener?

Mi teoría es que el cabezote, a través del tiempo y seguramente por estar siempre al borde de la página, sufrió de un desgaste mayor al de cualquier otra de las piezas que componían el periódico en la máquina Linotype. El cabezote, seguramente en un principio hecho con unos tipos de plomo grandes y pesados, debieron ser sustituidos por el siempre más liviano y versátil tipo de madera o clisé de metal liviano. Numerosas impresiones ocurridas por presión a lo largo de años y décadas, debieron hacer mella en la estabilidad de las formas tipográficas, en especial las de la parte superior de la palabra. Es probable que cada clisé desgastado haya servido de base para uno nuevo, con lo cual la consistencia de los grosores de los trazos superiores se vió comprometida (ver figura 10).

La deformidad de letras como M, P y O es más difícil de explicar. Cuando estas letras se desgastan, no queda otra solución más que refundirlas a partir de las matrices originales. Si estas no se encuentran disponibles, como ocurre cuando se pasa de la tecnología de composición automática en caliente (Linotype) a la de fotocomposición (Linofilm, Fotosetter o Monophoto), lo natural es que haya dificultades para reproducir las letras originales. Y como la estructura de trazos de M, P y O no obedece a reglas matemáticas fijas, sino más bien a ópticas de naturaleza variable, lo más probable es que se hayan cometido errores de dibujo por generalización de los grosores de los trazos: M es muy negra, la curva derecha de P es muy ligera y la O, que por cuestiones ópticas suele ser más grande que las letras cuadradas, se ajusta demasiado al renglón y además parece trazada con compás y regla (ver figura 11).
El logotipo actual también presenta problemas de espaciamiento entre las letras. La teoría dice que para conseguir un espaciado homogéneo, el espacio interno de cada letra debe ser aproximadamente igual al que hay entre letra y letra. Aún en el caso de un texto apretado, las inconsistencias en el nombre son muy evidentes y se señalan en la figura 12. Nótese cómo por ejemplo, el espacio entre palabras se encuentra exagerado por encontrarse antecedido de L y seguido de T. O cómo el espacio I-E, que debería ser identico al de M-P, no lo es. Por último, Los tres triángulos internos de M, tienen superficies muy disparejas y sus ángulos no se parecen.

Aunque sabemos que los defectos tipográficos son completamente invisibles a los ojos del lector promedio y que la identidad visual no consiste solamente en el diseño de un buen distintivo gráfico, sorprende que en cuatro rediseños consecutivos, repartidos a lo largo de las últimas tres décadas, errores tipográficos tan elementales hayan sobrevivido impunemente a las revisiones de diseñadores de periódicos expertos en la materia. ¿Es esta acaso una prueba de que la educación tipográfica en Latinoamérica aún se encuentra por debajo del nivel ideal? ¿No debería ser el centenario del diario El Tiempo la oportunidad ideal para corregir los desperfectos y comenzar el siglo XXI con una identidad renovada y un patrimonio restaurado?

El anterior análisis muestra que la tipografía no solamente es un componente técnico que participa en la reproducción de la información, sino que se trata además de una herramienta útil en el campo de la identidad visual para representar y dar una forma particular, recordable y única a los nombres de las instituciones. Considerar la historia de la tipografía del cabezote de un diario dentro de su propio proceso de rediseño es un modo efectivo de reconocer y considerar un patrimonio intangible de valor incalculable. Del mismo modo, dejar las cosas como están simplemente porque funcionan pone en riesgo la calidad y la credibilidad de los mensajes producidos. Un factor especialmente importante para un medio de comunicación con el prestigio y la reputación del diario El Tiempo.
Continuando con nuestras charlas y gracias al apoyo de Uniminuto, la ADG estará visitando este jueves 20 de mayo a las 10 de la mañana, las instalaciones de esta universidad para acompañar la charla sobre diseño editorial del diseñador gráfico y docente Jorge Aníbal Beltrán Vega, la charla de título “Fusión de Formato y estilo en los periódicos modernos” se repetirá el día 3 de junio a las 6 de la tarde, para todos aquellos que no puedan asistir en la mañana del 20.
Esperamos que todos los interesados en este tema puedan asistir a cualquiera de las dos sesiones de la conferencia.
Durante las 2 sesiones se realizará una jornada de afiliación, aproveche las nuevas tarifas, tramite y pague su membresía directamente en el lugar. Los esperamos a todos.
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Fusión de Formato y estilo en los periódicos modernos
Aunque la preferencia de los lectores para documentos de tamaño más pequeños no es nuevo, la popularidad de los periódicos sensacionalistas de libre distribución en ciudades de todo el mundo ha recibido atención de los editores. Los lectores los encuentran más cómodos y fáciles de leer.
Teléfonos celulares, automóviles, computadores, cámaras, muchas cosas son cada vez más pequeñas y mejor diseñadas para cada uso de día. Los consumidores quieren y esperan esto.
Philips, Apple, Sony y E Ink están fabricando ahora una pantalla de cinco pulgadas que permite a los usuarios descargar contenido publicado y utilizar en cualquier parte y en cualquier momento. El circuito de plástico lo hace suficientemente flexible como para ser almacenado en un tubo del tamaño de un esfero!
En casi todos los focus group o encuestas, cuando hay una elección, los lectores prefieren el formato más pequeño sobre un periódico. Se busca esta afirmación en los lectores de todas las edades, pero especialmente en los de 18-30, las mujeres y en determinados grupos como los latinos.
La tecnología los ha convertido en usuarios multimedia: se desplazan de un medio a otro, y un 80% usan dos medios simultáneamente. Las conexiones inalámbricas los hacen maestros de su propia recopilación de información. Incluso pueden imprimir el periódico de su elección o demanda. A esto se suma que los lectores requieren de un ojo entrenado para escanear e identificar subliminalmente lo que quieren leer.
Pero a la vez, siguen siendo lectores atraídos por la buena narración, un buen ejemplo de esto es el fenómeno Harry Potter. Consumen historias rápidamente e inmediatamente quieren obtener más.
Todo esto se debe tener en cuenta para percibir un cambio de formato efectivo. Y obviamente con la libertad de realizar cambios sobre la marcha. Ya que los periódicos modernos son concebidos como seres vivos que van en constante evolución.
Jorge Aníbal Beltrán Vega. Estudió diseño gráfico en la Universidad Nacional de Colombia. Ha trabajado como diseñador de peródicos por más de doce años. Se desempeñó como conceptor gráfico para la Casa Editorial EL TIEMPO, donde participó en varios rediseños del periódico y además ganó varios premios de diseño editorial a nivel mundial entre ellos la medalla de oro por una página deportiva en el concurso de la Society Newspaper Design, en el año 2002. También fue director de arte en el periódico El Espectador donde participó en el proceso de implantación del rediseño y cambio de formato en el año 2008. Actualmente se desempeña en labores de consultoría editorial y docencia en las Universidades Minuto de Dios y Fundación Universitaria del Área Andina.
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