- Andreu Balius (España). Diseñador gráfico catalán radicado en Barcelona, creador del proyecto tipográfico Garcia font & co (1993) y fundador del estudio Typerware (1996-2001) en Barcelona. En 2003 creó Type-Republic, como espacio de diseño tipográfico. Realizó estudios de Sociología en la Universidad Autónoma de Barcelona y Diseño Gráfico en el Institut d’Estudis Politècnis de Barcelona (IDEP), en Barcelona. Compagina su trabajo en su estudio con el desarrollo de proyectos tipográficos y la docencia, impartiendo clases y seminarios en distintas escuelas de diseño. Es autor de las familias Pradell, Belter y Elizabeth.-
Me interesa el diseño gráfico como fenómeno cultural. Me interesa en la medida que su foco de atención es la comunicación visual y contribuye a la relación entre las personas. Antes de iniciar mis estudios en diseño, estudié Sociología en la Universidad Autónoma de Barcelona. No llegue a terminar mis estudios, aunque lo que entonces aprendí me ha servido en mi carrera profesional como diseñador (tipo)gráfico.
Me interesa la tipografía como vehículo para la transmisión de los mensajes. Como voz sutil que modela la comunicación escrita.
Decidí iniciar mis pasos hacia esta especialidad —el diseño de fuentes tipográficas— durante mis últimos años como estudiante de diseño gráfico.
Cada proyecto conlleva una aproximación diferente. No existe un único método. Cada proyecto requiere de aportes distintos.
Una tipografía para texto requiere de unos conocimientos técnicos y de parámetros específicos. Diseñar una tipografía corporativa requiere poner en consonancia cuestiones funcionales con cuestiones formales, que contribuyan a aportar aquellos valores que se quieran vehicular a través de la forma de una letra.
No hay, por tanto, un único método en el diseño de tipografía, sea este proveniente de un encargo o bien se trate de una iniciativa personal del propio diseñador. En mi caso, debo decir que, cuando decido diseñar un nuevo tipo de letra, necesito que ello tenga cierto sentido. Me gusta que tras el diseño de una tipografía exista una “buena historia”. Las tipografías no solamente nos sirven para vehicular contenidos. Las tipografías son contenidos en sí mismas.
El signo de “arroba” ya existía mucho antes de que existiera Internet. De hecho, la “arroba” es una unidad de medida. Se utilizaba en España hace mucho tiempo. Podemos encontrar este signo en libros impresos durante el siglo XVIII.
Internet le ha dado un nuevo valor como significante.
Y en la medida que las necesidades comunicativas requieran de nuevos signos, habrá que crearlos. El alfabeto (y todos los demás signos que lo acompañan) no deja de ser una herramienta para la comunicación.
Se ha utilizado el alfabeto latino para representar lenguas que no son propiamente latinas. En algunos casos quizás hubiera sido más apropiado crear nuevos caracteres para representar aquellos fonemas que resultan tan distintos a los del alfabeto latino clásico.
Desconozco la realidad latinoamericana en lo que respecta al mercado de la edición. De todas maneras, creo que el diseño tipográfico encuentra su razón de ser en el ámbito del diseño gráfico, en general. No creo que en mercados en los que la edición de libros sea menos importante, el diseño de tipos se vea muy afectado.
Esto sí podía ocurrir en el pasado. Y de hecho ocurrió en la península ibérica desde finales del XVI hasta mediados del XVIII. En un momento en que la edición estaba controlada por el Estado.
Actualmente, la libertad de edición permite poder gestionar iniciativas editoriales al margen del mercado, desde productos independientes en formato papel al desarrollo de proyectos cuyos contenidos se publican digitalmente gracias a Internet.
En cualquier caso, pienso que el entusiasmo que se vive en las pequeñas comunidades de tipógrafos en latinoamérica puede superar cualquier inconveniente. Y la prueba de ello es lo que se puede constatar hoy día en muestras como Tipos Latinos.
Como apuntaba antes, no creo que exista un único método en el diseño y la producción de caracteres. Aunque en cuanto a las cuestiones técnicas, es cierto que el hecho de que estemos todos utilizando una misma tecnología (llámese fontlab o fontographer) para la producción de fuentes, ello pueda derivar en una estandarización con respecto a los formatos o incluso en parte del proceso de creación. Pero no me parece mal. No es muy diferente a los procesos analógicos anteriores.
Pienso que cada cual acaba encontrando su manera de trabajar, aunque deba acomodarla a las necesidades del encargo en cada caso.
Me siento más cómodo pensar para soporte papel. Hace tiempo adapté unas fuentes para pantalla. Producir varias fuentes a un determinado tamaño y grosor para visualizarse correctamente en pantalla. Me pareció una tarea ardua y sin demasiado sentido, pues se trataba de resolver las limitaciones propias de la tecnología en aquel momento. Ahora, con el “hinting” todo aquel trabajo ya no hubiera sido necesario.
Por tanto, creo que las limitaciones de hoy son los retos para el mañana. Las limitaciones de los actuales dispositivos de salida (impresoras y monitores, principalmente) son provisionales. Las pantallas mejorarán con el tiempo. Lo que ahora puede ser una limitación, mañana no será un problema.
En la medida que la figura del diseñador se ve como normal… es decir, en la medida que la disciplina del diseño va encontrando su lugar en el mercado (y en la sociedad), también lo va encontrando nuestra especialidad (el diseño de tipografía). Normalmente son los diseñadores y los directores de arte quienes encargan tipografía, o solicitan nuestros servicios (como asesores, consultores…).
La verdad es que cuando empecé, el diseño de tipos era algo desconocido o, por lo menos, no era visto como una posible salida profesional. Era impensable, entonces, imaginar que alguien podría llegar a encargar una tipografía.
Pero, poco a poco, en la medida que las escuelas han ido formando profesionales y, en la medida, que algunos hemos ido apuntando hacía esta dirección, son más los que valoran nuestro trabajo y son más los que tienen una sensibilidad hacia la tipografía.
La gente de la calle no es consciente, todavía, de nuestro trabajo. Incluso pueden llegar a pensar que un diseñador de tipografía o un tipógrafo es alguien dedicado a la prospección de terrenos o una persona de mal vivir…
Incluso, dentro de la profesión, todavía hay muchos profesionales que no valoran el trabajo del diseñador de tipos y, por tanto, no son conscientes de la enorme cantidad de horas que se necesita invertir para conseguir unos buenos resultados. Es más fácil pensar que las fuentes te llegan con el “windows”. Y que no es necesario pagar por ellas.
Hay que hacer un buen trabajo en las escuelas. Buena parte del futuro de nuestra profesión está en manos de los docentes.
Soy optimista. Quizás no seamos nosotros quienes recojamos los frutos, pero espero que las nuevas generaciones lo tendrán más fácil.
Espero que ese “hito” en mi carrera esté aún por llegar. me queda mucho por aprender todavía.
Me siento, en verdad, bastante satisfecho con alguno de mis trabajos, aunque nunca los puedo dar totalmente por finalizados.
En mi última versión de Pradell (formato OpenType), por ejemplo, he realizado algunos ajustes en el espaciado y en algunos detalles. Como ves, todo es mejorable. Aunque se trate de un verdadero “hito”.
Estoy terminando la familia CARMEN. Realicé esta tipografía para la impresión del libro “Carmen” de Prosper Merimé. Ahora sigo completando la fuente e incorporando nuevas variantes a la familia básica.
Tengo en marcha también un tipo de palo seco, aunque ya voy un poco retrasado con la entrega… A parte de ello, tengo algunos textos por concluir. Y muchos proyectos pendientes
La tipografía es una necesidad. Necesitamos de ella para comunicarnos. Es la mayor invención para vehicular contenidos. Así como la rueda lo fue para el transporte y supuso toda una revolución.
La tipografía —o debiera decir: la escritura— supuso también toda una revolución. En este caso cultural. Básica en la democratización del conocimiento.
La necesidad del texto para la transmisión de los mensajes escritos continuará siendo básica para el buen funcionamiento de las relaciones sociales. La tipografía —y el diseño de tipos— deberá estar al servicio de esta necesidad. Las tendencias, las modas, los caprichos estéticos… podrán esconder el último sentido de la tipografía pero no podrán eliminarlo.
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